La Perversión en el metal. (Nivel Social- Subcultura)

 

El arte. Esta forma de expresión que ha estado presente en el ser humano desde sus inicios, casi como si cumpliera una función esencial en la vida.

 

Más que una pasión para algunos es una puerta, la cual permite que Eros (pulsión de vida) y Tánatos (pulsión de muerte) puedan salir.

 

En el caso del metal encontramos esta pulsión de muerte en su máxima expresión; riffs cargados de odio, voces desgarradoras y sonidos estridentes, que llaman ese rincón reprimido y oculto entre las sombras del ser humano.

 

 

 

Esa parte que constantemente busca la forma de salir, luchando contra la utopía social de una humanidad pura y sin pecado y condenando socialmente a los partidarios de esta bandera, con el estigma de ser “los portadores de las tinieblas” en su mundo lleno de pseudo-santidad, convirtiendo esto en un juego perverso entre la luz y la oscuridad y en donde hay una conjunción ley-goce-castigo.

 

Ahora bien, se puede comparar el Metal como producto de la creación mediante el arte con la herramienta por excelencia asignada a los perversos, el látigo. En donde el gusto por el látigo se encuentra tanto en el placer de pegar y a su vez ser golpeado (ser colocados como los portadores de las tinieblas) por lo que el látigo es a la vez temido pero excitante.

 

Para lograr mejor claridad en el concepto de los golpes, se puede decir que el arte es siempre una reacción ante algo y esta a su vez será expuesta, produciendo esto una nueva reacción en su entorno. Es decir que si este látigo del Otro (sociedad, cultura, ley) no produjera un impacto y dejara marca en el sujeto, este no tendría una reacción sobre este golpe.

 

Esta hipótesis no solo se ve con facilidad en el Metal, si no que en la mayoría de subculturas. Ya que se puede decir que en su totalidad estas nacen producto a un fallo a encajar en la cultura establecida (el Otro: ósea sociedad, cultura, ley). Y del mismo modo en ocasiones lidian con el desprecio del “Otro”. Es común verlas utilizadas como chivos expiatorios cuando realmente son un síntoma del malestar en la cultura.

 

Un ejemplo de esto es la canción Violent Revolution de la banda alemana Kreator.

 

La sociedad falló en tolerarme 
Y yo fallé en tolerar a la sociedad
Todavía no puedo encontrar lo que ustedes adoran
En mi interior, oigo las voces de una guerra interna
Nada puede sacar el horror de mi
Tu mundo enfermo es la pérdida de toda la moralidad
Mi odio ha crecido tan fuerte como mi confusión
Mi única esperanza, mi única solución
Es una revolución violenta, revolución violenta
revolución violenta, la razón de la gente para destruir
” Kreator. (2001). Violent Revolution- Violent Revolution. Alemania. SPV/Steamhammer Records.

 

 

Acá se logra apreciar lo anteriormente dicho, y el efecto que crea la no incorporación. Una forma de violencia entre someterse y ser sometido (primer golpe).

 

Ahora bien, el tema de la violencia ¿Qué más natural que ella? ya así ha sido expuesto por banda chilena Disaster con su tema Violencia Natural.

 

 

 

 

Siempre ha estado presente y es la marca de la existencia humana, la cual sale a flote constantemente en el conjunto social, ya sean barras de equipo deportivos, manifestaciones, xenofobia entre tantos otros ejemplos posibles por poner.

 

Es aquí donde se aprecia la verdadera importancia del Metal en la época contemporánea, ya que se muestra como puerta de catarsis para todos aquellos quienes poseen características perversas, y hasta quienes presentan la estructura como tal, y es en el arte en donde se encuentra una posibilidad de poner todo este material, con esto logrando que los sujetos sean adaptables. Incluso se puede llegar a hablar de que el arte cumple un rol que permite la homeostasis social (autorregulación social)

 

Bibliografía:

Daniel Gerber. El cuerpo erógeno: entre significante y goce. Formato. Pdf.

Paul-Laurent Assoun. (2004). Lacan. Buenos Aires: Amurrortu.

Sigmund Freud. (1919). Pegan a un niño. 3-8-2016, de Librodot.com

Susana Bercovich. (Agosto, 2011). El sublime y ridículo látigo. Otra escena, 1, 123-128.